Psicopatía a escala grande y pequeña
La violencia sistémica a gran escala —la guerra— y la sutil violencia psicológica en una pareja o familia tienen TODO en común.
Tenemos una fijación por los psicópatas narcisistas. Son encantadores y crueles a la vez. Son nudos complejos que queremos desenredar. Se atreven a lo que la mayoría no nos atreveríamos. Son adorablemente cínicos.
Se habla de salud mental por todas partes, especialmente de los trastornos que son inadaptaciones a los mandatos normalizantes de los sistemas de control masivo —capitalismo—, pero se sabe poco de la psicopatía y de sus efectos en las familias y en los grupos sociales más grandes.
Sabemos tan poco de la psicopatía que terminamos casados con o votando por personas que no son capaces de sentir empatía real por otros seres vivos, que tal vez tengan un gran sufrimiento interior que solo se alivia utilizando a otros para sus intereses personales mintiendo, chantajeando, descalificando, culpabilizando y manipulando. A gran escala, lanzando bombas contra niños.
Nos es muy difícil creer que a los psicópatas que amamos y admiramos no les interesa un carajo ni siquiera sus propios hijos. Les preocupa su imagen por sobre todas las cosas. Utilizan a sus familias como una proyección de su ego. No pueden reflexionar sobre sus acciones y mucho menos cambiar de forma consistente sus comportamientos dañinos.
Nos alivian sus momentos de vulnerabilidad y calma porque son unos magos de la psicología interpersonal y social. Algo en nuestras tripas nos dice que no está bien y que no estamos bien, pero es más fácil disfrutar el oasis de esa breve calma que sufrir el caos de confrontarlos.
Deseo que las personas, las familias y los pueblos podamos reconocer las conductas psicopáticas y podamos aislarlas del amor para protegernos entre todos. Incluso debe haber un lugar en la sociedad para las personas con conductas psicopáticas, pero nunca debe ser a la cabeza de familias y países.
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