Sobre tener un cuerpo pequeño, liso y virginal

Como todas las mujeres que no hemos vivido en Marte, desde mi adolescencia me he sentido en conflicto con mi cuerpo. Ya sabemos de dónde viene ese sentir cof cof: violencia estética sistémica.

A mis 13 o 14 años me sentía muy cool con una minifalda que tenía un patrón en blanco y negro que ahora sé que se llama chanel. Un día alguien me dijo que estaba muy corta y sentí mucha vergüenza.

En Peto, donde no era tan intensa la sobreprotección familiar, me chiflaban y decían piropos en la calle y sentía mucho miedo.

En la prepa marista y machista en la que estudié nos decían arañas mientras comparaban y criticaban nuestros cuerpos. (No entiendo cómo se mantiene tan en secreto la violencia de esas escuelas en Mérida.) En esa época aprendí muy bien a odiar mi cuerpo y compararme con otras, con la misoginia generalizada de entonces.

Entré a la universidad ya bastante enojada, aunque no tan consciente de la violencia machista. En el Tec los vatos gritaban y aullaban cuando una mujer pasaba por los salones. Mi sistema de protección fue tener novio desde el principio (brr) y no moverme sola por los salones de ingeniería electrónica o mecánica.

Sé que muchas compañeras no resintieron esa violencia de la misma forma que yo o al menos no la reconocen hasta hoy. Abracito a todas las experiencias distintas.

Después me casé y tuve dos hijos que arruinaron mi cuerpo (esto es sólo una prueba para ver si ellos alguna vez me leerán). Mis preocupaciones anteriores pasaron a segundo plano, pero seguían ahí los pensamientos descalificantes respecto a mi “belleza” y lo que hoy llamamos capital erótico (puro valor social subjetivo).

Acabo de regresar de un viaje con mis hijos. Son jóvenes y noto que tienen los mismos deseos de validación que yo tuve a su edad, porque el clima social es igual de machista, misógino y violento en 2026 que en 1996. Esto me hace recordar que ya estuvo bueno de estarme sintiendo mal conmigo misma.

Me toca atravesar ese holograma y, desde la critica feminista y en resistencia al individualismo, mirarme con el amor con el que ahora veo a otras mujeres: preciosas aunque no sigan el canon hegemónico de un cuerpo liso, pequeño y virginal.

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Ime Maldonado

Hago páginas web desde que los dinosaurios caminaban en la Tierra. Escribo contenido digital desde una neurodivergencia amorosa y rabiosa.

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