Los otros
La monogamia es un sistema de pensamiento más que sólo un modelo relacional.
Para practicar la monogamia tienes que controlar tus pensamientos, recortarlos, moldearlos, limitarlos, domarlos… mantenerlos a raya. La monogamia depende de un entrenamiento mental que permite automatizar conductas, como cuando vamos en bici, escribimos, jugamos ajedrez, hacemos cerámica o conducimos autos de carreras.
A mí me fue muy fácil ser monógama. Algunas personas se pueden resistir al azúcar sin tanto esfuerzo. Otras tenemos facilidad para bloquear el deseo de establecer vínculos sexoafectivos con más de una persona.
Hasta este punto, podemos ver la monogamia como una elección personal, pero también por la forma en la que aprendimos a relacionarnos.
Los afectos
Tomando como referencia el término “sexoafectivo”, que se utiliza mucho en conversaciones sobre otros modelos relacionales, quisiera hablar de ambas dimensiones: la sexual y la afectiva.
Hablar, mirar, jugar, dedicar tiempo digital y físico, servir, ayudar, alimentar, acompañar, escuchar y todas las actividades de convivencia y cuidado mutuo están en la dimensión afectiva y son naturales para nuestros cuerpos mamíferos.
El pensamiento monógamo las incentiva siempre y cuando estén dirigidas a la pareja monógama, los hijos y algunos amigos y familiares elegidos. La unidad familiar y la validez del vínculo monógamo depende de que la distribución de afectos sea exclusivamente dentro de la familia y con la pareja al centro.
Los amigos previos al inicio de un compromiso monógamo y los amigos nuevos, especialmente los del sexo opuesto en parejas heterosexuales, representan un potencial peligro para la pareja. Deben ser filtrados y aprobados por ambas partes de la sociedad monógama, para mantener la paz y viabilidad del proyecto.
Uno de los temas que se repite en el contenido sobre no monogamias consensuadas es la discusión sobre el poder del veto y sobre la ética de la jerarquización de las parejas. Hablaré sobre eso en otro artículo.
El sexo
El erotismo, el deseo, la curiosidad sexual y cualquier actividad relacionada con la interacción sexual con alguien fuera de la relación monógama, definitivamente rompe el pacto de exclusividad.
Brigitte Vasallo habla de registros históricos que respaldan el hecho de que el matrimonio y la monogamia heterosexual como sistema social hegemónico fueron diseñados para proteger la propiedad y la transmisión de la herencia a los hijos biológicos. Y para tener hijos hay que tener sexo, concebir y llevar a término a la cría en el cuerpo de una mujer.
Entonces, el pacto social monógamo es sostenido por el cuerpo y el trabajo de las mujeres y también hemos sido nosotras quienes a través del mito del amor romántico permanecemos en el mismo sistema que nos oprime.
El problema
La monogamia es una práctica enfocada en la restricción de comunicarse, mirar, interactuar digitalmente, interactuar en persona, admirar, pensar, desear, tocar, jugar, reír, vulnerarse, explorar, flirtear, erotizarse y tener intimidad sexual con los otros.
El pacto monógamo es contra natura. Nuestro cuerpo animal necesita cubrir necesidades que son imposibles de sostener con un sólo vínculo central, no sólo porque el capitalismo nos ha robado espacios y tiempo, sino porque evolucionamos para vivir en comunidades colaborativas, no en pequeños grupos de 3 o 4 encerrados en casas durante toda su vida.
Es imposible limitar el pensamiento y es inhumano limitar los afectos y las acciones basadas en el cuidado mutuo y el amor.
Entonces, si cubrir todo lo que requiere nuestra media naranja no es materialmente factible, la exclusividad afectiva y/o sexual es una fantasía insostenible, aunquela sociedad, el Estado y el Capital abandonen y castiguen a quienes se aventuran a experimentar otras formas de amar desde la ética, la transparencia y los acuerdos.
Qué hacemos
La sombrilla de prácticas no monógamas propone diferentes grados de flexibilización de la exclusividad sexoafectiva.
Las personas, monógamas o no, que se atreven a mirar, estudiar y replantearse cada aspecto del modelo tradicional de pareja, pueden tomar decisiones más informadas y tener una vida más plena y saludable, sin temer a los otros.
En mi experiencia, dejar la monogamia obligatoria ha sido un proceso difícil, necesario, amoroso y, sobre todo, muy sanador. Así que seguiré hablando de esto.
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