Árbol

Soñé que eras un árbol transparente, extendido sobre pasto conocido.

Tus ramas desnudas a contraluz. Tus raíces enterradas, extendidas, visibles radiográficamente.

Estuve frente a tí, con otro cachorro a mi lado, mirándote con los ojos bien abiertos, hablando sin palabras con él, contigo, con el pasto, con la luz y con alguna hoja nueva.

Floté al borde de tu sombra y sentí mucho. Que eras tú, una deidad y un árbol.

Se me salieron las lágrimas porque sabía que era un sueño y dije tu nombre mientras mi madrugada se anunciaba.

Entonces abracé a mi compañero y le hablé de tí otra vez, con las palabras que pude, como aquí.

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Atravesar dos veces el mismo río