Stay healthy

Estoy en un café, en un parque, debajo de dos árboles que han visto mucho más que este café de mesitas verdes, desequilibradas en el piso sutilmente deformado por las raíces del mismo árbol que las protege.

Tengo mis sandalias, ropa deportiva y un rompevientos. No es una buena elección para el clima frío a la sombra, pero decido refugiarme en mi rol de forastera y acumular un poco de frío en los huesos para cuando regrese a los demasiados grados centígrados de Mérida. En un rato más caminaré cazando pedacitos de sol en el piso, para salir del estado reptiliano en el que me encuentro ahora.

Lisboa me sorprende y no es por su arquitectura, ni por su precioso sol, ni por los patrones de colores que rompen la seriedad europea en todos sus rincones. Es por las personas. Para mí, siempre son las personas.

Me fascina reafirmar la fractalidad mamífera de los humanos. Somos iguales en todas partes. Irrelevantes, complejos y preciosos. La prosperidad y la desigualdad se reproducen en esta parte del mundo de la misma forma que a siete mil kilómetros: más gente obscura tiende a servir café y lavar baños, mientras más gente dorada tiende a caminar en las calles persiguiendo el siguiente objeto dorado en la siguiente tienda dorada.

Pienso que no tendría que haber volado hacia este lugar tan lejos de casa para continuar mis observaciones sociológicas, y me pregunto qué tanto de mi ética personal de tendencia socialista se encuentra en conflicto con mis impulsos eurocéntricos, mientras disfruto de mi segundo capuchino junto a las palomas y los patos, sin sentir una gota de culpa. Ese tiempo ya pasó y ahora sólo coloco una dosis de responsabilidad en cada espacio que quiere ser colonizado por la culpa.

El frío me está venciendo. Pienso en cómo nos hemos forzado a no sentir frío, ni calor, ni miedo, ni enojo, ni calma, ni nada. Recuerdo las palabras de mi nuevo amigo, K: “stay healthy” y me acabo a prisa la espuma de mi café para mover el cuerpo hacia un lugar más tibio. No tienes que probar nada. Sólo haz lo que necesites cada día. - sigo escribiendo en mi diario mental, mientras camino y recupero la vida.

Termino este artículo en la mesa común del hostal, a salvo del peligro imaginario de la muerte por congelamiento súbito en el país más tropical de este continente. Me alegro de este experimento de la soledad y el frío que siempre encuentran compañía y calor.

Existen personas generosas, curiosas e interesantes en cada espacio de este mundo. No tengo la fórmula para conectar con ellas, pero estoy investigando. Por ahora simplemente me permito quitarme por un rato de las gafas del escepticismo para prestar atención a quien me pregunta en la cocina si necesito ayuda y termina recorriendo la ciudad conmigo en una conversación transformadora que dura cien años en sólo tres días.

Más de eso. Gracias, K.

🐦‍⬛

Ime Maldonado

Hago páginas web desde que los dinosaurios caminaban en la Tierra. Escribo contenido digital desde una neurodivergencia amorosa y rabiosa.

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