Rojo y menta

Le pediré a este domingo algunas nubes distraídas para mis ojos de pez.

Que me permita ver de nuevo y para siempre el rojo y menta de Lisboa. Grabarlos en alguna parte de este cuerpo, que mientras escribo se oxida para reintegrarse a la tierra como las piedras blancas aprisionadas en el piso. A presión, con calma.

Que el Amor se expanda hacia otros siglos. Que no se acabe. Que no se apague.

Que se aloje en mis manos, en las plantas de mis pies, en el aire frío que entra debajo de mis mangas. En cualquier parte, hasta disolverse en polvo y reiniciar la historia en otro rojo y en otro menta de otro siglo.

Como si nada de esto hubiera pasado, como si nada hubiera estado escrito anticipadamente, como si existieran las casualidades.

Ime Maldonado

Hago páginas web desde que los dinosaurios caminaban en la Tierra. Escribo contenido digital desde una neurodivergencia amorosa y rabiosa.

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