Narcibebés y narciseñores (5): La Falacia del Costo Hundido

Este es el artículo de la serie más difícil de escribir para mí.

Leí sobre la falacia del costo hundido en reels o tikitokis hace unos años y no pude evitar el “suéltame, me lastimas”.

Es un sesgo cognitivo que te hace sostenerte en una inversión en la que has perdido demasiado, bajo la premisa de que salirte de esa situación sería mucho más caro que mantenerte un poco más. De paso tu autoconcepto se va a la mielda y te culpas del fracaso de tu proyecto.

En el paquete de mi neurodivergencia*, vino el superpoder de obsesionarme con los temas que me interesan. He sido muy optimista y tenaz para todo lo que me importa, incluyendo la relación con el Narcibebé y la pequeña empresa que sostuve por dos décadas.

La tremenda confusión en la que se vive en situaciones de abuso psicológico no te permite confiar en los sentires de tu cuerpo. Vives con las emociones entumidas, a la espera de que pase algo importante, algo nuevo, algo grandioso y determinante, ésta vez sí.

Nunca pasa ni va a pasar. La inversión está perdida.

No me arrepiento de nada (wa, wa, wa), pero si tuviera la información que ahora tengo, me hubiera retirado anticipadamente de ambas misiones. Por eso me gusta escribir sobre las formas de identificar la violencia interpersonal y sistémica y sobre cómo podemos salir de ella.

En mi caso, hubo un evento inesperado que me abrió los ojos de un madrazo. La gota que derramó un poco más el vaso, mi oscuro boleto de la lotería: una infidelidad (chan chan channnn jaja). En ese tiempo estaba yo muy adoctrinada con la idea del matrimonio para toda la vida y la familia tradicional**. Mi fantasía explotó como una burbuja y me sentí a la deriva por un tiempo. Fue bastante terrorífico enfrentar la verdad por primera vez, sin filtros. Un sufrimiento intenso, pero temporal, porque poco a poco mi sistema nervioso se fue rehabilitando y empecé a sentir y entender muchas cosas, de nuevo.

Mi kit de emergencia, hecho a la carrera: terapia psicológica, asesoría financiera y acompañamiento legal. Todo eso sostenida por una pequeña red de apoyo que ya tenía, aún sin saber que ese concepto existía.

Me sentía sumamente avergonzada por haber “perdido” a mi familia, aún sabiendo que no fue así. El remanente de ese dolor persiste hasta hoy, pero cada vez vivo todo con más compasión y autoconfianza.

Los seres humanos somos los únicos animales que podemos IMAGINAR. Bendición y maldición, porque gracias a ese superpoder hemos podido organizarnos en sociedades, pero también nos pone a expensas de la explotación material y psicológica de los psicópatas narcisistas que nos gobiernan.

Perder todo lo invertido en una persona, en una idea, en un proyecto, es una de las experiencias más difíciles de atravesar. Para mí, ahora, la clave está en estas pequeñas prácticas:

  1. No creer en infinitos. Todo es temporal, todo es pequeño, todo se acaba, hasta ese gran amor o proyecto.

  2. Hacer check-ins diarios de cómo me siento REALMENTE. No de como CREO que me siento, no de cómo QUIERO sentirme, sino de cómo está materialmente mi cuerpo y mis emociones en cada día. Los pensamientos no son la realidad. Si estás al borde del colapso ansioso o depresivo, si tu cuerpo no funciona porque estás demasiado cansado, probablemente algo esté mal y usualmente la respuesta ya la tienes y prefieres evitarla.

  3. Sostenerse en una red. Mil veces dicho, pero es necesario tener algunos adultos cercanos, amigos sin intereses particulares que validen nuestra existencia y nos recuerden que no estamos locos y que realmente le importamos a alguien. Gente con quien intercambiar ideas, memes, abrazos, mensajes o cualquier señal de vida exterior a ese proyecto en el que tanto hemos invertido.

  4. Resistir activamente. A veces no podemos huir de las personas o sistemas que abusan de nosotros, pero sí podemos resistir sutilmente en lo que encontramos la salida definitiva. Desobedecer, no responder a las provocaciones, tomar tiempo para nosotros, recuperar espacios perdidos. Sobre todo, la genial técnica de la PIEDRA GRIS que muchos aprendimos a hacer intuitivamente: respondo brevemente, no reacciono, mantengo la calma y dejo que las palabras me atraviesen sin interiorizarlas.
    Finalmente, hagas lo que hagas, el comportamiento narcisista es tan impredecible que la resistencia podría tornarse hasta divertida.

  5. Preparar la salida. Esto es algo serio. No hay cuerpo que aguante el caos del abuso narcisista. La única solución definitiva es alejarse de ellos. Aquí podemos echar mano del juego de manipulación que hemos aprendido de ellos: tienen un ego muy frágil y usualmente las víctimas tenemos más fortaleza y recursos emocionales que ellos.

Cierro con esto: el cambio es parte de la vida. No poseemos nada. Con suerte viviremos 80 años, así que podemos acostumbrarnos a empezar de nuevo, amorosamente, desde la curiosidad, el autocuidado y el cuidado de los seres que más amamos y debemos proteger.

¿Qué sigue?

Cerraré hablando de lxs Narciseñorxs y lo que creo que podríamos hacer para resistir y vivir en sociedades más amorosas.

🔥

*TDAH, según el capitalismo que patologiza todo lo que no le funciona.
**Mi nuevo hiperfoco es mucho más divertido e interesante: la no monogamia consensuada como factor de cambio social. Ya quiero escribir sobre eso.

Ime Maldonado

Hago páginas web desde que los dinosaurios caminaban en la Tierra. Escribo contenido digital desde una neurodivergencia amorosa y rabiosa.

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